“He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.“(Filipenses 4:11-13)

1Ti 6:6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;
Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (1Ti 6:7-8)
El contentamiento cristiano del que Pablo aquí y la Biblia en general hablan, no es estoicismo, no es la fortaleza o el dominio mental sobre la sensibilidad personal del que hablaban Séneca y otros pensadores romanos. Tampoco es lo que los budistas llaman el ‘nirvana’, un estado supremo de la conciencia para situarse por encima del bien y del mal en el que se ignora la realidad para evitar el dolor, lo que se aprende por entrenamiento sistemático. No es un “desconecte”, no es indiferencia, no es una posición de “nada me afecta” como se enseña en la meditación trascendental, el yoga y otras religiones orientales.
El contentamiento cristiano no es una técnica para abatir el estrés ni de una forma de relajación mental para vivir más feliz, ni de administrarse las píldoras ‘Dalay’.Tampoco es resignación o fatalismo, no es un “ya ni modo, qué le vamos a hacer si para morir nacimos”. No es “no hay otro remedio”. Y mucho menos es masoquismo, pues aún nos dolemos y lloramos, pero el gozo en nuestros corazones sigue vivo porque no nos ocupamos de quejarnos sino de confiar.
Confiar en Dios, y depender de Él en todo y para todo. Ese es el punto que hace toda la diferencia: la confianza. No la negación, no la indiferencia, no la resignación, no el control mental sino la confianza en Dios. Sólo eso nos mantiene serenos, seguros de que Dios nos ama y nos guarda y de que todo lo que nos ocurre ayuda para bien, para que se cumpla en nosotros su propósito de salvarnos.
Es eso y sólo eso lo que hizo a Jeremiah Burroughs escribir en el lejano 1648, en su libro “La rara joya del contentamiento cristiano“, que “la felicidad cristiana no es resultado de obtener más, sino de desear menos; una persona que posee muchas cosas pero que desea más, siempre será miserable, mientras que una persona que posee pocas cosas pero que ya no desea más, siempre será feliz“. Personalmente agregaría, por decirlo de algún modo, desear lo correcto, que Dios sea no sólo nuestro mayor deseo, sino más bien el único.
Es eso y sólo eso lo que hace al salmista cantar a gran voz cuál es su gran deseo: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmo 27:4), es decir, no deseo sino estar en la presencia de Dios, conocerle y profundizar en intimidad con Él.
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” (Salmo 73:25-26)
Esta serie de audio mensajes es una amplia reflexión al respecto.
1.- Nuestra continua insatisfacción.
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4.- He aprendido a contentarme.
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5.- Sustento y abrigo.
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6.- El amor al dinero.
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7.- Deléitate en Dios… solamente.
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Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. (Deuteronomio 6: 6-9. Reina-Valera 1960).




